¿Cuáles son las causas más frecuentes del dolor de rodilla?

La rodilla es la articulación más grande del cuerpo humano y una de las más complejas desde el punto de vista estructural y funcional. Une el fémur (muslo) con la tibia (pierna) y posee grandes cantidades de estructuras que pueden verse afectadas a distintas edades y por variadas razones. Es una articulación estable ubicada entre el tobillo y la cadera, articulaciones que constantemente deben estar en movimiento, tanto como para lograr una óptima distribución del peso corporal que viene bajando por la columna vertebral, como para permitirnos interactuar y acomodarnos al suelo en la marcha o carrera.

Por esto, cualquier alteración en ellas probablemente se transformará en un problema también en la rodilla. Por lo anterior, resulta fundamental hacer una adecuada revisión de la historia clínica, una exhaustiva examinación clínica y los factores de riesgos asociados del paciente.

Patologías más frecuentes

Para poder ordenar las distintas patologías que se presentan en la rodilla, es fundamental considerar quien es el paciente. Su edad, hábitos diarios, deportivos y otras patologías que presente son claves para obtener un diagnóstico adecuado.

En adolescentes y adultos jóvenes, es frecuente encontrar lesiones de tipo ligamentosas, tendineas por sobreuso, la llamada “disfunción patelo-femoral” y luxaciones patelares, generalmente asociadas a la práctica deportiva. En la población adulta, es frecuente encontrar lesiones meniscales, condromalacias (desgaste de cartílago), tendinopatías degenerativas y roturas ligamentosas. Por último, en personas mayores, lo más frecuente es la condromalacia y la artrosis.

Otro aspecto fundamental a considerar es el origen de lesión, diferenciando entre las traumáticas (accidente, golpe, caída, etc.) y las de carácter degenerativo (el daño se va acumulando en el tiempo).

Correcto abordaje

Es común encontrar que el diagnóstico esté basado fundamentalmente en la estructura y no en la visión global del funcionamiento mecánico del paciente, lo que deja fuera aspectos fundamentales para realizar un adecuado diagnóstico funcional que permita la precisa formulación de objetivos para el tratamiento.

Actualmente disponemos de evidencia científica concluyente respecto a algunas señales de alerta que debiéramos considerar, tales como:

  • Alteraciones mecánicas o historial de lesiones en caderas o tobillos.
  • Presencia de dolor lumbar persistente.
  • Sedentarismo o inactividad física.
  • Asimetrías de fuerza y capacidad de trabajo en una extremidad respecto a la otra.

Desafíos
Para el correcto diagnóstico deberíamos avanzar hacia una atención profesional personalizada, permitiendo una examinación clínica exhaustiva y no “a la rápida” como vemos comúnmente, utilizar exámenes diagnósticos complementarios más allá de las imágenes (las que a veces son necesarias, pero otras no tanto), tales como análisis de simetrías de carga en plataformas de fuerza, análisis de fuerza máxima y capacidad de trabajo muscular con dinamometría o isocinética. Afortunadamente la tecnología y los dispositivos electrónicos inteligentes, nos permiten acceder a este tipo de evaluaciones los cuales se deben saber utilizar e interpretar los resultados. Ahí está el desafío.
En CARE, contamos con un modelo de atención personalizado, basado en la mejor evidencia científica disponible y con tecnología de vanguardia, que nos permite obtener información precisa para entregarte la rehabilitación que tú necesitas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *